domingo, 3 de abril de 2011

Fletero y yo (Un corto delivery)

¿Cuál es el espacio que ocupan las pequeñas experiencias del cotidiano inesperado? ¿Cuánto llenan las palabras ajenas nuestras vidas cuando nos sentimos un poco vaciados de expectativas del devenir?

Quien imaginaria que comprar un sillón, o dar la hora en una esquina, puede ser la causante de replantearnos que a veces no somos consientes de la energía que irradiamos y lo mucho que nuestro hacer, ese que tomamos como corriente y en el cual no reparamos por tenerlo incorporado, genera en el resto…

La magia es eso: hacer aparecer misteriosamente reacciones en lugares que desde afuera no tienen el potencial para generarlo por sí mismo.

Y en esos momentos de la vida donde creemos que habita el olvido de nuestro ser, donde creemos que la soledad es la resultante de haber alcanzado otros objetivos, donde creemos que quizás sea tarde para construir lo que relegamos, es cuando la magia se hace presente y una simple palabra nos cambia la mirada hacia un nuevo y desconocido lugar.

Caminar la vida demanda que estemos atentos a lo inesperado, a lo que no podemos manejar, a los sensores que subyacen la realidad que somos capaces de observar y comenzar a hacer aparecer partículas de lo que configura nuestra felicidad.

Lo nuevo nos incomoda, nos hace retorcer el cuerpo hasta que nos amoldamos, nos genera dudas y sentimientos encontrados por más deseado que haya sido obtenerlo; y es así: nunca somos realmente nosotros hasta que no nos adueñamos lo que en nosotros parece a simple vista ser ajeno.

Construyamos la felicidad desde el encuentro con nuestra fibra mas sensible…esa fibra que si nos proponemos a encontrar aparece en esas sobremesas con nosotros en donde somos capaces de decirnos lo importante y comenzar a vivir…

lunes, 13 de julio de 2009

Nunca vi new york, no sé lo que es parís

Entrar por los espacios abiertos requiere, por más sencillo y básico que parezca, tener la capacidad de ver la apertura y estar preparado para acceder y descubrir que lo que nuestra mente pensaba que sucedería, que accionaría esa situación, que sentiríamos, es simplemente distinto, inverosímil, extrañado por su propia naturaleza y distante a cualquier racionalidad de la cual quisiéramos apropiarnos.

Y es ahí, en esos instantes cuando entendemos que somos cómplices absolutos de las estructuras a las que intentamos escapar, somos hacedores de nuestras realidades y producimos nuestras propias barreras ante lo que queremos superar.

Fluir, entrar, no golpear, salir, mover, llenarnos los poros de sensaciones propias y viciar las ajenas, usarlas hasta reconocerlas como propias o más ajenas.

La simpleza se percibe justamente cuando logramos que el decir no pierda su esencia ante el acontecer de lo cotidiano, cuando lo que se ve de nosotros es lo que somos, con cristalizarnos en espacios que nos son propios porque los habitamos y podemos compartirlos, porque los disfrutamos y desechamos cuando necesitamos descubrir otro. Esos espacios atemporales que descubrimos en nosotros son los que sufren la masacre del condicionamiento.

Dejarse, mirarse, redescubrir, mutar, transitar, aceptar, vivenciar, no pensar.

Intentamos sortear las barreras impuestas, autoconvencernos de la capacidad que tenemos de saber justamente lo que necesitamos para ser nosotros mismos y es justamente el momento preciso en donde nos desconocemos, en donde descubrimos que lo disociado tenía mucho más que ver con nosotros que lo que estábamos dispuestos a enfrentar.

Disfrutar los desequilibrios, equilibrar la influencia del no disfrute, ser uno, dos, tres…ser, animarse a ser…

Aprehendernos, corrompernos, simplemente intentarlo.

viernes, 26 de junio de 2009

Sol de junio

Momentos inesperados, situaciones extrañas, sensaciones enrarecidas...

Dar vueltas, dar vueltas, dar vueltas, llegar, analizar y entender que es igual al punto de partida.
Saber que está, en algún lugar desconocido aún, pero está, existe, quizás hoy lo compartís, pero tiene que ver con ese sentido que se le da a lo ajeno y a lo propio en lo que se cree a ultranza, quizás hay algunas cosas, internas, muy profundas, casi imperceptibles que condicionan nuestro accionar cotidiano y lo subrayan de tintes que a veces no podemos reconocer como propios, pero lo son...

Saber reconocer lo propio y separarnos de lo que tiene sentidos dados por otros, a veces significa aprender a fragmentarnos en capas y poder leernos, reescribirnos, aprehendernos...

Variaciones, ideas, conceptos, sentimientos.

Lo instantáneo se ha adueñado de nuestro más profundo ser, casi como si la única alternativa posible de relacionarse con el exterior tuviese como paradigma moderno un tempo acotado y provocador...contestatario, desafiador, clandestino.

Y ahí estas, en medio de ese mar de no sentidos, de no comunicación...te paras, seguís, avanzas, crees que lo haces, seguís avanzando en el supuesto, cultivas, indagas...

Vivís, vivís, vivís...sentís el sol, vivís.

jueves, 25 de junio de 2009

Instantaneas...

Vi la profundidad de ese espacio, pude verlo.

En ese instante yo podía convertir lo que sucede, sea lo que fuere, en un objeto de deseo para los demás incluso para mi mismo. Hacer real la realidad, como si la necesidad de lo instantáneo fuese condición de lo inexistente.

Descubrí así que quería retratar lugares, personas, momentos, pero sobre todo esos sentimientos que producen en el resto la necesidad de explorarlos por mas ajenos que les fuesen.

Así comenzó mi historia con lo que nunca hubiese podido poner en palabras por el exuberante placer que generaba el poder ver otra dimensión. Al fin y al cabo escribir es como fotografiar un instante de la mente, del corazón o de los sentimientos, sin embargo nada supera las diferentes gamas de lo visible, esos instantes que, sin querer y solo por estar muy atentos, logramos capturar del otro.

Eso me hace feliz...es como la forma en la que he logrado entender lo sensible, desde ahí logro conectarme.

Sin embargo hay algo en todo esto que no puedo procesar, que no he logrado entender, seguramente no sea el tiempo de hacerlo, pero lo retratado sobredimensiona lo real, lo que se ve es mas doloroso, mas cautivante, mas despojado o mas desbordante… quizás nuestros ojos entre un parpadeo y otro se pierden lo esencial de los momentos, quizás eso logre la fotografía, cautivar para siempre la esencia de momentos que quizás nunca hubiesen sido recordados de otra manera.

Llegada

Un silencio agotador invade el dia, la ciudad se encuentra encallada en un soplo sostenido de viento que no logra ni siquiera despeinar a todo aquel que transita las desoladas calles de hoy, todo esta detenido, me siento caminando en una gran masa densa, todo esta realentado, nada pareciese transcurrir en tiempo real.


La gente no sale de los edificios, construcciones llenas de personas vaciadas de sensaciones parecen caerse encima cuando el lente intenta enfocar sus rostros.


Es probable que sea solo una percepción atemporal relacionada con mis propias vivencias, tal vez esto sea lo mas real por lo que haya transitado, pero siento un cuerpo extrañado de lo cotidiano, como si pudiese crecer indefinidamente solo para captar el momento esperado desde el ángulo ideal.

Procesos semejantes podrían enloquecer a cualquiera, me excita saber si para recuperar el ritmo cotidiano la vida deberá accionar mecanismos irracionales de vivencias apresuradas. Lo espero, ansió un huracán de emociones que invada la tediosa calma.

Creo que me estoy enamorando, aun no se como sucedió, ni de quien, ni donde esta, pero lo sé.

Pedro

Debo reconocer que la austeridad es un elemento bastante identificativo en mi, pero creo que no tiene mucho que ver con una forma de vivir si no mas bien con un forma de relacionarse con el mundo.

Prescindir de la representación o de lo figurativo, prescindir de todo aquello que se asemeje a algo conocido o viciado por mi mente o la de otros es el punto de quiebre exacto para decidir que en mi vida, la pintura, o por lo menos la forma en que yo entiendo ese recorte del arte, es lo mas asemejado a un no plan que invade el todo.

Y como si todo sucediera en un tiempo muy distinto al nuestro, la realidad se hace presente en donde quizás una forma de expresarse no es más que la distancia que nos separa de aquello que resulta cotidiano, y allí en un lugarcito pequeño de mi, empiezan a surgir imágenes, textos, sensaciones que necesito plasmar sobre un lienzo blanco. El proceso no es más que eso, y lo es todo. Algo sucede y se torna inexplicable pero cada vez que viene a mi esa necesidad incontrolable, pierdo el sentido del tempo y allí coexisto.

El resto del tiempo se sucede como lo hace la calma antes y después de la tormenta.